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jueves, 29 de septiembre de 2011

La fotografía




La luz detiene el tiempo,
los rostros sonrientes.
Retrato de un instante
de vida que ya has sentido.

Y ya desde el momento
que es fotografía
las horas se deshojan
y amarillea de otoño.
Y cae un día
y otro
y meses luminosos
y años que nos dejan
aradas piel y alma
con surcos tan profundos
donde se olvida el olvido.

Pero un día como tantos
en un cajón oscuro
te encuentras a ti mismo

mirándote a la cara
 sonriente
,
detenido,
eternamente joven
contínuamente vivo.

La luz detiene el tiempo......
El tiempo que ya has vivido

© Texto 

Cadenas


La vida es una cadena a la que el tiempo añade, sin cesar,  eslabones, como la lluvia añade gotas al mar.

Cada eslabón es un suceso, un recuerdo, una historia fijada en nuestra memoria. Los más lejanos, apenas los vislumbramos, como la maroma de un barco, amarrado a puerto, que surge de la bruma.

Un día te detienes al borde del camino, para hacer balance de lo andado, cuentas los elabones y cada uno te evoca un recuerdo, te cuenta una historia, un olor; uniéndote en un vínculo indisoluble hasta el final de tus días.

Y es en ese final de todo, cuando los eslabones se separan y la cadena deja de existir.

© Texto 

domingo, 25 de septiembre de 2011

No existir


La vida es un paréntesis
entre dos no-existencias
eternas e insondables
como las fosas profundas
de los mares del norte
donde la luz alcanza
apenas unos metros
y la noche inmensa abarca
todo en su infinito abrazo.

En este espacio - tiempo
en el que coincidimos
somos astros fugaces
que en las noches de estío
centelleamos breves
unos metros de cielo
apenas un instante
leves como el suspiro.

Y en tanto
la  muerte avanza
inexorable y fría
y nos viene al encuentro
para abrirnos la puerta
de un no - existir eterno
donde ya no hay retorno
donde todo es vacío
© Texto

viernes, 23 de septiembre de 2011

Somos estrellas fugaces en noches de verano


          Tendemos a imaginar a nuestras vidas como senderos que serpentean, a veces por suaves colinas que nos conducen por valles luminosos; o por escabrosos riscos en la noche. Veredas siempre largas que se entrecruzan formando una red de sendas y destinos y que, en ocasiones, algunas, al cruzarse, modifican su trazado y discurren paralelas.

          Hay quien imagina que las vidas son navíos, con velas desplegadas al sol de muchos mares, henchidas por variados vientos que conducen nuestras naves por tranquilas aguas calmas, o por los procelosos mares de la incertidumbre; y a veces ocurre que dos navíos se encuentran y navegan, vela a vela, aprovechando los mismos vientos que los empujan, en la misma travesía, hasta un seguro puerto para fondear unidos para siempre.


          Pero no es así. Nuestras existencias son como estrellas fugaces que, en las noches serenas del estío, cruzan por lo oscuro, breves como un latido, tenues como la neblina, cortas como un suspiro; y si no se está atento al firmamento, si algo te distrae, tan sólo un instante, un segundo infinito, entonces la vida se te escapa y te la pierdes.

© Texto